01 de noviembre
1.938
La carrera del siglo
Seabiscuit, más allá de la leyenda
Seabiscuit
(2.003)
Gary Ross
La fecha aparece sobreimpresionada en pantalla
La típica película sobre como, con esfuerzo, trabajo y superación, se pueden solventar todas las dificultades y salir adelante en la vida, consiguiendo tus aspiraciones. Bueno, con esfuerzo, trabajo, superación y una cuenta corriente de primera categoría, como la que aporta el personaje interpretado por Jeff Bridges. Porque, sin ese pequeño detalle, nada de lo demás hubiera sucedido jamás, y el caballo hubiera terminado en una carnicería, y el jockey en un callejón mugriento, desangrándose o respirando su propio vómito. Pero queda más bonito si no hacemos mención al vil metal y nos centramos en el esfuerzo, el trabajo y la superación. Va usted a comparar, hombre...
Lo que sí es esta película es un ejemplo de como toda sociedad precisa de héroes, sobre todo en momentos de necesidad. De dos patas, de cuatro patas, eso es indiferente, pero que puedan ilusionar a miles de personas, que se puedan sentir identificadas con sus hazañas. Si, además, es un héroe nacido del barro, miel sobre hojuelas, porque así todos podemos pensar que su éxito está al alcance de cualquiera, y sólo es cuestión de (¡vamos, todos juntos!) esfuerzo, trabajo y superación. Un poquito de ayuda por parte de la prensa nunca está de más, porque eso de ser un héroe anónimo no ayuda mucho a levantar el ánimo, y, sobre todo, no vende periódicos ni se refleja en las audiencias.
Por cierto, la película obvia varios aspectos que hubieran podido ensombrecer la aureola divina del cuadrúpedo y su cuadrilla: alguna que otra derrota, que Seabiscuit rehusó al menos en una ocasión enfrentarse a War Admiral..., minucias que no tienen cabida en una cinta enaltecedora como esta, vibrante lección del poder regenerador del esfuerzo, el trabajo y la superación.

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